De mi hijo David

Hoy quiero hablar de ti, padre mío,
te comparo con el capitán de un gran navío
que un día decidió echarse a la mar
con mi madre como contramaestre
a quien enseñaste a navegar.

Los dos hicisteis a golpe de mar
de ese gran navío un buen hogar
al cual añadisteis cuatro grumetes
que hoy van solos por este mar.

Nosotros, carne de vuestra carne,
a los cuales enseñasteis a navegar
en este traicionero mundo
al que comparo con la dura mar.

Es el mar cargado de peligros,
de malos tragos, por los cuales
nos enseñasteis a navegar,
a vivir en paz y respetar.

Por eso, padre mío, hoy
no puedo más que alabar
tu cariño y personalidad.

¡Te quiero, padre, y no te he de olvidar
por muy lejos que puedas estar!

Para mi Padre, de
David Costa Torregrosa

1 comentario:

  1. Siempre es grato que los demás te alaben, pero viniendo de un hijo que aveces les cuesta tanto reconocer que sus progenitores solo quieren lo mejor, para ellos...

    ResponderEliminar