La mar rugía embravecida,
y el marinero se resistía,
en una lucha dura
y desigual, pero leal.
La mar comprendió
que no siempre se puede ganar
y el marinero a puerto regresó
feliz, pero no convencido.
A solas pensaba y decía:
“Ella grande y poderosa,
Yo fuerte, pero pequeño”
¿Le deberé algo a la mar?
No quiso tentar su suerte
y en tierra firme se quedó,
y es que la vida avisa
más escuchemos la.
El que escucha y aprende
si se retira a tiempo,
tiene media batalla ganada,
la otra media depende de, Dios.
Aprendamos de la vida el consejo,
no tentemos a la suerte
y como el marinero
retirémonos a tiempo.
Dedicada a un familiar que a pasado un momento malo de salud
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