Cuando solo me encuentro,
yo no sé por qué será,
siempre pienso en el pasado,
y lo que me queda por pasar.
Largas horas sin dormir,
larga y triste es la soledad,
pero, al fin, siempre una estrella
es la que me viene a salvar.
Adiós, sueños de gloria,
ya no los podré alcanzar,
pues a mis pocas luces,
presiento el fin de crear.
¡Cuánto me duelen las piernas!
la espalda mucho más,
y, no hablemos de los hombros,
que no los puedo aguantar.
Pero, ¿de qué me quejo,
a qué viene tanto llorar?
si pienso en las miserias
y desastres de los demás.
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