Ya no es blanco el hospital,
ya monjitas en él no están;
y ni siquiera existe silencio
con las “teles” no puedes descansar.
Si pudiera ser yo médico,
te ibas tú a enterar,
en vez de piernas,
te pondría alas, y ¡a volar ¡
Aquí donde tú duermes,
no existe soledad,
hay tres camas,
pero ¡Qué sola estás!
Pasan las enfermeras,
visitas y demás,
pero al final del día,
cariño ¡Qué sola estás!
Todos los días voy a verte
para animar esa soledad,
pero, supongo que al irme
te embarga esa terrible soledad.

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